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REFUGIO TEMPORAL PARA INDOLENTES
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.
No pregunté nunca qué es poesía, pero creí verla, quizá intuirla, en muchas ocasiones. Javier me contó un día que no sabía cómo definir la felicidad, pero que una vez la había llegado a tocar con la punta de los dedos. Bendito sea. Supuse que la idea era contar la victoria del débil, la alegría fugaz del perdedor, pero luego comprendí que casi todo residía en la ternura, en la inocencia. Alguna vez pienso que las emociones viajan en autobús, por desiertos secos y soleados, pero hay días que las imagino en casa de mis padres, o en los bares que cierran, o en las canciones de mi juventud. Ser un hábil animal al acecho, escaladora nata, felino intrépido, vertebrado maquiavélico y ruin, es bello. Y denunciar irregularidades, chapuzas, mordidas y/o mediocridad y mierda, un terrible cuestionamiento del derecho ciudadano a recibir una información veraz y ética. El mundo al revés, la razón de la sinrazón, la bomba. Pero es que en estos tiempos se hace difícil mantener la cordura. George aprendió a tocar el sitar e inició junto a Maharishi Mahesh Yogi un periodo de ejercicios de meditación trascendental a través del canto del mantra japa-yoga. John le cogió el gustillo a la psicología, y desarrolló una terapia primal por la cual se obligaba a confrontar sus traumas infantiles y a sumergir su enfado y su dolor en sus composiciones. Paul, quizá hastiado quizá hambriento, prefirió la cosa fenicia e introdujo rápidamente a su mujer en el crematístico negocio de la música. Todo es raro, pero esto me parece lírico y aquello cutre, vulgar y nauseabundo. La política es la fatalidad, dijo Napoleón. O quizá no. Quién sabe. A Luís Aragonés ya lo conocía. Y me gustaba. Pero la empatía personal que produce el hervidero de madrugadas, fichas y parné terminó por afianzar al mito. Un perdedor siempre descubre a un colega, lo detecta, lo localiza. Doctor Livingstone, supongo. No importa la distancia de años luz que separen persona y personaje, ni la ética, ni la moral, ni el carácter; eso da igual. Es la sustancia, la esencia, el olor a orgullo quemado, lo que está fotocopiado. Luego, unos son profesores, otros futbolistas y otros basureros, pero todos van al mismo grupo. Ya están clasificados. San Pedro les da el mismo número de habitación en la puerta del hotel. Vino el Príncipe a mi Universidad, pero yo llegué tarde porque no había casi sitio para aparcar. Saludé a Celia, allá a lo lejos, y me quedé cerca de algunos de mis antiguos alumnos. Pensé en cenar con mis padres, pero recordé que tengo cita a las seis con un profesor de Criminología y se me quitaron los ánimos. Luego bajé haste el coche, recogí los libros y subí al despacho. Tengo que terminar los cuadrantes, solucionar las matrículas en espera y corregir los casos prácticos. También debo devolverle a Tomás el CD. He descubierto en él algunas cosas buenas. |