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ungancho

bombo

Que la noche tiene vida propia lo saben mejor que nadie los insomnes y los estudiantes. El tiempo de la noche es más ancho, los sonidos más claros y las verdades más rotundas. ¿Quién no ha notado el aliento inconfundible de la noche, alguna vez? La noche huele a humo en el Casino, a eso de las cuatro y media, y pasa despacio viendo el accidente en el que ha chocado ese hombre de la moto. La televisión de madrugada circula por la noche en medias horas, recordando machaconamente que estás despierto. Las páginas del libro, tan diáfanas de noche, pesarán muchos gramos más en apenas unas horas. ¿Y las esperas, y la ansiedad ante la ausencia, o la presencia, o la fuga, o la falta de noticias, o el miedo? Toda la verdad que podemos ocultar con la luz del día nos escupe a la frente por la noche. Lo de menos es poder dormir. El objetivo es otro, es huir de la noche, al menos de esa noche, esperando que otro día, mañana, traiga una noche menos cruel, menos sincera, más narcotizada.

 

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