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ungancho

el espejo

Enrocado en mis propias miserias, con un sufrimiento egocéntrico y casi egoísta, doy el tipo estándar de homo sapiens común. Todo me remite a mí y todo se resume en mí. Es importante lo que me afecta, es imprescindible lo que me falta y es inaguantable lo que soporto. Por los demás, cuando proceda, rezaré una oración, depositaré -si acaso- una queja, y pondré mi firma, cuando me lo pidan, en el documento adjunto. Y eso, cuando se trate de una desgracia nueva, que las viejas causas, los dolores perpetuos o antiguos, prescriben con los años, como las faltas y los derechos de autor.

Pero detrás de la puerta, y en la casa de enfrente, y en el pupitre de al lado, hay alguien que sufre de verdad. A su manera, pero tan de verdad como sufro yo ahora. Y sin embargo, a pesar de todo, pese a darme cuenta, le voy a dedicar tan sólo un minuto.

Éste.

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2 comentarios

la innombrable -

Todos llevamos nuestra cruz a cuestas y con esto que ha pasado, el peso de la cruz se ha hecho un poco más pesado.
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celia -

totalmente de acuerdo
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