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ungancho

Que me perdone el despistado, pero no levanto cabeza. Todo me supera, y la mayoría de los enlaces me aburren. Hablo poco, navego menos, casi no tengo fuerzas para concentrarme en nada. Por la noche paseo con Pedro por la calle de Ana y sólo veo vados modificados, medianas corregidas. Me paro a leer varias señales de tráfico ("reservado para rodaje cinematográfico"). No exagero si digo que son más de cien metros de plazas de aparcamiento, dispuestas, obviamente, sin consultar a los vecinos ni restituirles de algún modo. Vicios minimales, pecados veniales, actos  intrascendentes. Lo importante es otra cosa, claro. Grande-Marlaska recula, la Alcaldesa de Marbella es detenida y mis suegros planean viajar a China para conocer y para aprender. Cultura a bajo coste, como la de la Universidad actual. Lo urgente me exaspera y empiezo a andar algo paranóico interpretando ausencias y presencias. En la radio que controla Polanco (todas las radios) se escupe sangre y odio, y los de enfrente esperan pacientes la primera oración del Imán: él nos dará las claves. Algunos amigos se casan, otros se alejan irremediablemente. El sueño, por lo demás, no repara gran cosa, y mis referentes, aunque me aturden, aparecen con la cara difuminada, ya sin voz. Trato de escribir un comentario optimista, esperanzado, pero tampoco puedo. No me inspiro. Sólo acierto a decirle a Juan Manuel, mientras corremos al medio día, que no se engañe. El tiempo que pierde es el que no está con Arancha. Cada minuto exige una excusa sólida, una justificación contundente, una razón irrefutable que le aleje de la pureza. Él no la tiene, yo no la tuve. Bendito sea el amor.

1 comentario

celia -

Por si te sirve, ahí va un abrazo grande (de los de oso con sonrisa).