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ungancho

me despierto

En este lado, la mala suerte. El horror, la angustia, el miedo. Y la pregunta constante: ¿por qué?. Debió haber lágrimas, hace ya tiempo, cuando la fe en cualquier cosa ayudaba a sobrellevar la tormenta de agravios y el silencio absoluto e impenetrable de dios.  Al otro lado, el mundo. Cobarde. Indolente. Incapaz. Madre malnacida, padre perverso. Abierto en horas de trabajo, pero cerrado por vacaciones y festivos. Sobrado de peso y de experiencia, pero convertido, finalmente, en ella; resumido, indefectiblemente, en ella. Cuando la miseria sólo se insinuaba, tal vez creyó que había una salida, un camino que yo imagino repleto -como él- de ternura y de luz. La tarde negra y sorda en la que se hablaron por primera vez me da ahora asco y angustia. Ya no hay tiempo, nunca lo hubo, desde que una mano injusta, cruel y caprichosa, acarició cobarde y falaz la cabeza inocente de uno de sus hijos. 

Entonces, todo acabó.

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