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REFUGIO TEMPORAL PARA INDOLENTES
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Mientras Ana descubre que su madre no tiene mucho interés por su embarazo, a Rafa se le estropea el coche y tiene que levantarse a las cinco de la mañana para coger el autobús, y Susana se da cuenta, al abrir el maldito sobre del buzón, que no tiene un sólo duro para aforntar los veintisiete días que restan del mes, mientras todo eso ocurre, repito, Javier acaba de llegar a la Universidad. Ha trabajado de teleoperador en una empresa de telefonía y de comercial en Cajamadrid. Ese es su currículum, pero desde hoy perseguirá a los alumnos morosos con grave riesgo de impago. A las ocho y media, se toma un cortado en la cafetería y escucha entusiasmado las directrices de su supervisor. Se ha peinado con gomina y se ha puesto colonia. La camisa le está grande y los zapatos, recién estrenados, todavía rebosan abrillantador. Subo a clase. Como si hubiera algo mágico detrás de esa casual coincidencia, mi hermano Lolo me recuerda una escena de amor a quemarropa justo al día siguiente de haberla comentado yo en clase. Creo que hablaba con mis alumnos del destino, o de la libertad, o del miedo insuperable. Quizá de la serenidad ante lo inevitable. No lo sé. Últimamente se me olvida casi todo, incluso lo más anecdótico. Hace poco, el diez de abril, se cumplieron unos cuantos años de la separación de los Beatles. Me lo apunté en el Outlook para que no se me pasara, pero subiendo por las escaleras de la Universidad pensé en lo bien que olía la chica que llevaba delante y todo lo demás desapareció. En la mano ya no me caben más anotaciones, y desde hace una semana no sé dónde está mi libreta de apuntes. Debo comprar maquinillas de afeitar, zumo y calcetines de deportes, y tengo dos camisas recién hechas esperándome en la tienda casi desde el mes pasado. Hace poco pensé en escribir algo sobre la esencia de la libertad, o sobre su fundamento o sus presupuestos… Puede que Alfonso Serrano hablara de ello en su conferencia del viernes y me diera pié para pensar sobre ello. Pero no lo sé. Realmente, no lo sé. |