ungancho |
REFUGIO TEMPORAL PARA INDOLENTES
|
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.
Quedar clasificado en el puesto 7.407 del Maratón de Madrid no es, precisamente, una heroicidad. Terminaron 8.290 corredores, y el último tardó seis horas en recorrer los cuarenta y dos kilómetros. Como me ha ocurrido otros años, durante la carrera pensé muchas veces en las ganas que tenía de comerme una hamburguesa. Pero no una natural, nutritiva y sana, sino una hamburguesa industrial, de las de Mc´Donalds o Burguer King, que rebosan colesterol y grasa, y poseen una extraña salsa artificial, de sabor único, diseñada posiblemente para paladares tan elementales como el mío. Luego, por la tarde, miré por la ventana de mi habitación y pude contemplar cómo el mundo seguía intacto. Dos automovilistas se peleaban por un aparcamiento. Varias señoras discutían a gritos en el cruce por algo relacionado con sus hijos. Un joven dejaba el coche en la parada del autobús y provocaba un atasco de más de 100 metros. Somos una especie decadente, caracterizada por un instinto destructivo y autodestructivo. Nos guía el egoísmo, la comodidad y la soberbia. No hay otra salida que la desaparición absoluta y la muerte. Nos merecemos la muerte. Nos merecemos que nos maten. Merecemos matarnos entre nosotros. Es nuestro destino y acabará ocurriendo. No tengo asignado número oficial, pero yo fui el primer oyente de "El fútbol tiene música". Imagino que ese título -apócrifo y oficioso- lo reclaman, en silencio, muchos otros, pero yo sé que el primero fui yo. No recuerdo muy bien cómo llegué, una madrugada de viernes poco afortunada, al 103.5 del dial de FM, pero sí recuerdo la voz de Petón y el nerviosismo de José como si los estuviera escuchando ahora mismo por primera vez: "Bienvenidos al programa menos escuchado de la radio española". Han pasado varios años desde entonces y, como todas las historias de amor que se precien, mi relación con ellos ha sufrido altibajos, ha padecido infidelidades y, lógicamente, también ha evolucionado. Lo que al principio fue un programa para minorías, lleno de talento y duende, hoy se ha convertido -casi, casi- en el buque insignia de la emisora, y ningún cambio puede dejar imperturbable el medio donde se produce. Yo no soy el mismo oyente, pero ellos no son tampoco los mismos locutores. Rarezas, anécdotas, relatos o canciones inéditas han dado paso a cierto regusto empalagoso, a una suave tendencia a la autocomplacencia y a una -quizá inevitable- decadencia en cuanto a originalidad. Ley de vida, supongo. Todavía los escucho, aunque cada vez menos. Su horario de emisión cambió hace tiempo y la genética de los oyentes creo que también. Petón admite jóvenes -jovencísimos- seguidores que aportan frescura al programa, y José se empeña cariñosamente en dotar de naturalidad y cercanía a las lejanas e imposibles relaciones entre mensajeros y mensajeados. Pero ya nada es igual... e intuyo que ellos lo saben. Aquella primera noche, y seguramente también las veinte o treinta siguientes, tuvieron magia, y eso fue algo excepcional. Nada parecido se había hecho, de esa manera, hasta entonces, y muy pocos se habían atrevido a hablarnos sobre fútbol con tanto cariño y autenticidad. Nació aquella noche un programa nuevo, distinto y original. Y yo fui su primer oyente. Unos minutos antes de volver a la impotencia y a la debilidad, al momento de reconciliarme con el cobarde y el pusilánime, quiero recordar que una vez fui al cine. Fue en los IDEAL de Tirso de Molina, durante la semana en que se celebraba el ya desaparecido (por muerte natural) Festival de Cine de Madrid (IMAGFIC). Supongo que fui solo, quizá con alguna de mis hermanas, muy poco probable que lo hiciera acompañado de algún amigo. El caso es que se me quedó grabada una canción de la Electric Light Orchestra que sonaba durante la película "Electric Dreams" Todos eran malos, torpes, pretenciosos. Empezando por la horrible película y acabando por el triste e inmaduro espectador. Sólo se salvaba el bueno de Jeff Lynne, un artista de voz única, algo kitch y barroco, que poseía eso que los dioses entragan únicamente a los elegidos: talento. Feo, soberbio y con excesco de dinero, Jeff continúa abusando todavía de la superioridad que le distingue y le identifica. Que Dios le bendiga y, alguna vez, que también se lo cobre. Enrocado en mis propias miserias, con un sufrimiento egocéntrico y casi egoísta, doy el tipo estándar de homo sapiens común. Todo me remite a mí y todo se resume en mí. Es importante lo que me afecta, es imprescindible lo que me falta y es inaguantable lo que soporto. Por los demás, cuando proceda, rezaré una oración, depositaré -si acaso- una queja, y pondré mi firma, cuando me lo pidan, en el documento adjunto. Y eso, cuando se trate de una desgracia nueva, que las viejas causas, los dolores perpetuos o antiguos, prescriben con los años, como las faltas y los derechos de autor. Pero detrás de la puerta, y en la casa de enfrente, y en el pupitre de al lado, hay alguien que sufre de verdad. A su manera, pero tan de verdad como sufro yo ahora. Y sin embargo, a pesar de todo, pese a darme cuenta, le voy a dedicar tan sólo un minuto. Éste. |