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ungancho

sólo con Jiménez Losantos

sólo con Jiménez Losantos

Justo Gallego lleva más de cuarenta años construyendo su catedral. Al parecer, un anuncio de Coca-Cola le ha hecho famoso desde hace ya algunos meses. Yo no lo sabía, pero descubro casi por casualidad la historia, internacional, de su proeza.

La tuberculosis le llevó lejos del Convento de Santa María de Huerta, en Soria, donde había decidido desarrollar una vocación monástica tardía. Pero la enfermedad también le iluminó en la gran aventura de su vida: un monumental templo dedicado a Nuestra Señora del Pilar.

Las fotos son, como el trabajo, imponentes. Pero Justo, arquitecto autodidacta, no quiere fama, no le gustan las entrevistas. Parapetado tras su gorro marinero y sus pantalones de pana, asegura que solo hablará si Jiménez Losantos se lo pide.

descanso

I ’m just a gigolo, and everywhere I go,
people know the part I´m playin´. 
Pay for every dance, sellin’ each romance,
Ooohh what they’re sayin’.

And there will come a day, and youth will pass away,
what would they say about me?
When the end comes I know, they”ll say just a gigolo
As life goes on without me.

I ain’t got nobody, nobody cares for me,
Nobody, nobody, cares for me,
I’m so sad and lonely, sad and lonely, sad and lonely
Won’t some sweet mama come and take a chance with me (rescue me)?
Cause I ain’t so bad.

Por cortesía de Withlouis

espera

Hoy le han concedido el Premio Nacional de las Letras al escritor jerezano José Manuel Caballero Bonald. Ya me acordé torpemente de él con ocasión de la concesión del Reina Sofía, y ahora, algo arrepentido, busco aquél post para disfrutar con su transparente poesía.   

ESPERA

Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

guajira guantanamera

guajira guantanamera

El proceso de elaboración del tabaco es complejo y metódico. No soy ni he sido nunca fumador, pero reconozco que me fascina toda la liturgia que rodea al cigarro habano, desde la búsqueda del clima necesario para su cultivo hasta el olor que desprende cuando se fuma.

Leo desde Clarín una anécdota maravillosa sobre los torcedores de puros: Desde el siglo XIX, en Cuba se hizo costumbre acompañar la rutinaria tarea de los torcedores de tabaco con la voz de un lector profesional, que amenizaba el trabajo de los manufactureros leyendo en voz alta novelas, cuentos, poesía e incluso obras de los grandes filósofos. De esta manera, a través de las lecturas -que muchas veces se hacían desde prosaicos púlpitos-, ganó su nombre, precisamente, el Montecristo; un habano/homenaje a El Conde de Montecristo, la novela más pedida por los trabajadores.

Y Guillermo me ha contado esta mañana una todavía mejor. Las manos de los torcedores son tan suaves como el terciopelo y tan sensibles como la piel de un niño: de hecho, son las manos de los verdaderos especialistas -los que darán forma a los puros-, que enrollan las hojas del tabaco ejerciendo una lévisima presión sobre ellas y haciéndolas girar sobre la mesa. Cuenta la leyenda que las mejores torcedoras del mundo son las mulatas de La Habana, que tuercen el tabaco haciéndolo girar mansamente sobre uno de sus muslos, y consiguiendo, así, que el habano obtenga una textura única y un aroma inolvidable.

más sobre prostitución (y II)

Sin cerrar los ojos, dando derechos

EL PAÍS  -  Opinión - 13-11-2005

Llegó desde Rusia con una promesa de trabajo bajo el brazo. El contrato lo firmó, bajo amenazas, con un proxeneta que la secuestró y obligó a prostituirse durante meses en una angosta carretera. Internet le permitió conocer parajes que nada tenían que ver con su Polonia natal y decidió pasar sus vacaciones en la Costa Brava. La red, implacable, la maltrató, esclavizó y obligó a prostituirse. Quiso mejorar su calidad de vida y se marchó de Rumania para trabajar en un hotel costero: acabó hospitalizada tras tirarse por la ventana de un piso del que huía de compatriotas que la retenían contra su voluntad y obligaban a prostituirse tras sufrir vejaciones indescriptibles. En Bulgaria su futuro no era prometedor, algo que, pensó, sí lo sería en España: resistió más de 100 metros arrastrada por un coche, arañando con su piel el arcén de la N-2, antes de dejar ir el bolso con el jornal de toda una noche de sexo de pago y cobrarse cientos de heridas de las que no cicatrizan nunca.

La realidad, algunas veces, supera la ficción. Son cuatro historias reales, cuatro dramas personales que golpean la conciencia de quien las conoce: cuatro titulares que ennegrecen con su tinta la vida de seres humanos, como nosotros, y que conocemos gracias a operaciones policiales de desmantelación de redes de proxenetismo y a la desesperación de sus propias protagonistas. Desgraciadamente, ellas no son las únicas.

Prevenir y promover la persecución de todas las formas de tráfico y trata de personas, la explotación sexual y la prostitución forzosa es uno de los propósitos de la actuación diaria de la policía de la Generalitat, que preparará una ley pionera en España que ha de poder regular, en territorio catalán, los servicios sexuales remunerados. La aplicación del Derecho Civil catalán nos permite garantizar la libre decisión de quien presta el servicio, reconocerle sus derechos y hacerle única titular de los acuerdos con otros. Se trata de que las prostitutas ejerzan su profesión con libertad y garantías.

Conscientes de la controversia que suscita cualquier intento de regulación y de que ésta debe ceñirse a las competencias de la Generalitat, la ley quiere acabar con la actual hipocresía de que al no figurar en ningún texto legal la prostitución, sencillamente, no existe. Regular, importante es aclararlo, implica limitar; no hacerlo significa permitir que el fenómeno siga yendo al alza, creciendo mientras cerramos los ojos. Se trata de poder acabar con situaciones como las que ya se registran en algunas carreteras catalanas, donde en menos de dos kilómetros los Mossos han llegado a contabilizar 10 prostitutas.

Entre las finalidades de esta ley destaca el proteger la salud y la seguridad de las profesionales del sexo. Es, de hecho, una prioridad irrenunciable. Adentrarse en un bosque espeso, en plena noche, en el vehículo de una persona de la que nadie te podrá proteger; subirse a la cabina de un camionero del que nada sabes son situaciones que conforman una cotidianidad que debe erradicarse. Acabar con la prostitución de carretera es una obligación que los poderes públicos no podemos aplazar.

Las vemos cuando circulamos por carretera. Les prestamos una atención relativa y al cruzar las miradas algunos pensamos en lo duro que ha de ser aguantar el tipo en medio de la nada. Nos alejamos pero ellas permanecen allí, punteando con el seco rímel de su muda presencia nuestras carreteras. Nos alejamos y las dejamos en compañía de peligros. Los relacionados con el tránsito son sólo algunos. En muchas ocasiones, las prostitutas se encuentran en caminos cuyos accesos no tienen buena visibilidad: acceder y volver a incorporarse a la vía entraña un riesgo evidente. Evidente y objetivo es, también, el peligro que existe cuando posibles clientes realizan maniobras bruscas para detener el vehículo y poder contactar con ellas.

Asimismo, los informes de los Mossos d’Esquadra nos advierten de que la integridad de estas mujeres se ve continuamente en peligro por las coacciones y amenazas de sus proxenetas. Las agresiones físicas y sexuales consumadas tanto de proxenetas como de clientes forman parte, desgraciadamente, de su cotidianidad laboral. Cotidianidad en la que también se registran robos con intimidación y violencia, dada la vulnerabilidad que supone su presencia en lugares solitarios, así como detenciones ilegales y agresiones de clientes y proxenetas de otras prostitutas.

Éste es el escenario real en el que trabajan, hoy, algunas de las prostitutas en nuestro país. Acabar con él es uno de los objetivos, no el único, de la ley que prepara la Generalitat. Existen otras prioridades; entre ellas, garantizar su dignidad y derechos, así como su autonomía, capacidad de decisión y libertad ambulatoria; evitar su estigmatización, desarraigo y exclusión social; establecer controles sanitarios adecuados, y evitar perturbaciones y molestias en el entorno social de las comunidades cercanas a los establecimientos donde se prestan estos servicios.

El de los establecimientos es uno de los aspectos en los que la ley hace mayor hincapié. Prohibir y sancionar la presencia de la prostitución en la vía pública implica regular el funcionamiento de las distintas modalidades de locales y establecer un régimen sancionador. El texto prevé que los establecimientos, que nunca podrán estar en comunidades de vecinos, estén expresamente autorizados y dispongan de una licencia específica y no transmisible que tendrá una validez muy limitada. Las prostitutas, por su parte, podrán beneficiarse de derechos laborales, salariales y tendrán obligaciones tributarias como cualquier trabajador. Tendrán derecho, también, a ser atendidas de sus patologías específicas por el sistema de salud pública.

Según la Encuesta de Salud y Hábitos Sexuales, uno de cada cuatro hombres de entre 18 y 49 años residente en España ha sido cliente de la prostitución alguna vez. Hagamos, vista la demanda, que la oferta tenga las condiciones necesarias y evitemos que siga proliferando la demanda cruel. No dejemos más tiempo que la alegalidad en la que se encuentra la prostitución beneficie a unos y condene a otros. Seamos valientes, como lo son algunas de ellas cuando denuncian con riesgo de sus vidas a sus esclavizadores sabiendo que ningún derecho las asiste o se adentran en territorios desconocidos de la mano de quien puede llegar a ser su verdugo.

Montserrat Tura es consejera de Interior de la Generalitat de Catalunya.

más sobre prostitución

Algo no cuadra

EL PAÍS  -  Opinión - 13-11-2005

Desde hace un cierto tiempo y cada vez con mayor insistencia, en España se escuchan voces que defienden la regularización del comercio sexual, según parece con tres objetivos: reconocer los derechos individuales de las personas que ejercen la prostitución considerando su trabajo una actividad económica más, erradicarlas de calles y carreteras, y censarlas. Pese a que, en principio, las medidas parecen servir los intereses de quienes se prostituyen -mayoritariamente mujeres-, algo no acaba de encajar en este postulado.

En primer lugar, quienes más han insistido en la necesidad de regular la prostitución han sido los empresarios del sexo -antes llamados macarras o proxenetas-, de modo que podemos imaginar que, si defienden esa idea, será porque su consecución les reportaría algún tipo de beneficio. Tanto se han empecinado que, de regularse la prostitución, los proxenetas, erigidos en guardianes de la moral familiar y callejera, habrían conseguido que sus negocios fuesen reconocidos como lugares de ocio de pleno derecho. En cambio, las prostitutas que van por libre y, sobre todo, las más desamparadas se verían barridas de calles y carreteras, e incluso de pensiones y pisos.

También resulta sospechoso que los empresarios del sexo manifiesten ese deseo perentorio por pagar impuestos a las arcas estatales y dejar, así, de tener un negocio que es simple economía sumergida. Desde luego, les honra esa insistencia, aunque nos permitimos dudar de su honradez. Pero, sobre todo, lo que causa perplejidad es la pretensión de que las trabajadoras del sexo no puedan erigirse en empresarias de su propio negocio y montarse un chiringuito donde les plazca, máxime cuando actualmente, sin leyes que lo regulen, las que dicen haber elegido libremente vender su cuerpo -un 5%- pueden darse de alta de autónomos en otras profesiones.

En segundo lugar, también parece que se beneficiarían de la disposición los prostituidores, llamados eufemísticamente clientes. Para ellos -uno de cada cuatro ciudadanos españoles-, la medida supondría mayor impunidad al utilizar los servicios de una prostituta o al hacer turismo sexual. Si ahora y pese a que la ONU considera la prostitución una forma de esclavitud y de maltrato, comprar el sexo de una mujer puede ser relatado como una hazaña entre cierto tipo de hombres, la regularización terminaría de despojar a esa actividad de connotaciones peyorativas y la transformaría en algo parecido a la visita de un parque temático. Parece que, con ello, las trabajadoras sexuales ganarían en dignidad, a la par que ellos disfrutarían de mayor "comodidad". Aunque, si lo que se pretende es dignificar esta ocupación, no deja de resultar chocante que, cuando algún canal televisivo ofrece un reportaje sobre compra-venta sexual, muestre claramente los rostros y los cuerpos de ellas, pero cubra púdicamente los rostros de ellos, los prostituidores.

Por último, están las prostitutas que ejercen sin haberlo elegido: el 95% restante, de las que la inmensa mayoría son inmigrantes sin papeles introducidas en España por las mafias internacionales. Éstas no quedan fuera del sistema por putas, sino que se dedican a la prostitución porque el sistema no les deja otra alternativa. ¿De verdad van a catalogar a esas más de 400.000 prostitutas sin papeles? ¿Van a ofrecerles papeles porque se dedican a la prostitución y establecerán un agravio comparativo con las sin papeles que limpian casas o cuidan a personas ancianas? ¿O van a dar papeles a cualquier inmigrante? Si es así, será un alivio no verles morir tratando de saltar vallas o intentando cruzar el Estrecho en pateras.

En Occidente existen dos modelos de abordar la prostitución: el modelo holandés y el modelo sueco.

En Holanda, la prostitución fue legalizada con el argumento de que ello erradicaría el tráfico y explotación de mujeres inmigrantes y supondría un control para la industria sexual. Sin embargo, las cifras demuestran exactamente lo contrario: en una década, el negocio ha crecido un 25%; la prostitución infantil ha aumentado vertiginosamente (se ha pasado de 4.000 a 15.000 niños, de los que la mayoría son niñas); el 85% de prostitutas son mujeres víctimas del tráfico sexual y sin posibilidades de regularizar su situación, y la violencia contra las mujeres se ha exacerbado.

En Suecia, en 1999 se aprobó una ley que penalizaba la compra de servicios sexuales y despenalizaba su venta. Así, quienes resultan perseguidos son los macarras y los puteros, mientras que ellas no sólo no resultan sancionadas, sino que, además, cuentan con unos servicios integrales que las ayudan, si lo desean, a dejar el oficio. El resultado ha sido una disminución más que notable del negocio y el éxodo de los traficantes de mujeres, que se han visto obligados a buscar otros lugares, otros mercados.

Tal vez quede por analizar el efecto que la compra de servicios sexuales tiene sobre todas las mujeres como género. Porque no olvidemos que éste es un problema de género: el 90% de quienes ejercen la prostitución son mujeres, el 3% hombres y el 7% transexuales; mientras que un porcentaje abrumador de proxenetas y clientes son hombres.

El inconsciente, ese espacio apenas intuido hasta hace pocos años y ahora ratificado por los neurólogos gracias a las nuevas tecnologías, es responsable de una intensa actividad de la que no somos conscientes. El inconsciente acumula creencias y prejuicios, origen de muchos de nuestros comportamientos. Una de estas creencias seculares, que estuvo en la base de la desigualdad entre mujeres y hombres, es la de que el cuerpo femenino es una mercancía. Otra de esas ideas, desmentida científicamente, es la de la necesidad sexual masculina tan insaciablemente natural.

En modo alguno conseguiremos una sociedad paritaria si no conseguimos borrar ambas ideas de ese inconsciente colectivo. Y, desde luego, regularizar la prostitución no parece el mejor camino. En cualquier caso, mientras en el mundo tantas mujeres y niñas sean forzadas a prostituirse, serán ellas quienes nos tendrán a su lado defendiendo sus derechos.

Gemma Lienas es escritora y miembro del Lobby de Dones de Catalunya

billy hill

You’ve got to give a little, take a little
And let your poor heart break a little
That’s the story of, that’s the glory of love (...)

... de la banda sonora de Casino.

me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor

me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor

Mañana tenemos puente en Madrid y, quizá por eso, la tarde se presenta propicia para la dispersión.

Esta mañana escuchaba una canción de Radio Futura en el coche y me he fijado en la frase de este comentario, “me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor”. La canción trata (bueno, quizá no trate de eso, pero yo así lo quiero) de una niña enamorada que tiene la intuición casi mágica, en un momento determinado -cuando él la llama de lejos y ella sale corriendo-, de que el amor no es un juego, que es algo bastante serio, propio de los adultos, hasta cierto punto peligroso y, en cualquier caso, demasiado fascinante para perderse en él sin estar totalmente convencida. “Me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor”, dice maravillosamente Auserón.

No sé, pero hay algo también triste en esa pérdida de inocencia, aunque sea una pérdida intelectual y no material, que da paso a la madurez. Posiblemente sea un momento concreto, con una fecha y hora determinada -o no-, pero del que sólo somos conscientes cuando ya ha pasado. Y no me refiero a la madurez biológica, ni a la madurez artificial que, por desgracia, muchas veces producen acontecimientos dañinos o luctuosos que dejan tras de sí niños y adolescentes cubiertos a su pesar por gruesos disfraces de hombres y mujeres heridos y cicatrizados. No. Hablo de la pérdida natural de la inocencia que provoca el descubrimiento de la responsabilidad por nuestros actos y de la intuición de la experiencia.

¿Cuándo empecé yo a ser mayor?, ¿cuándo fui consciente?, ¿qué lo provocó?, ¿quién lo provocó?, ¿cómo era ese yo anterior?... En fin, una tarde efectivamente propicia para la más absoluta dispersión.

 

al final de la escapada

Las casas de la avenida de la ilustración se abren a la calle como gajos de mandarina. Al disminuir la velocidad de mi coche, muchos conductores que me sobrepasan giran la cabeza para mirarme. Yo hago lo mismo, les miro, y todo tiene entonces un color anaranjado y cálido que ralentiza el ritmo de la vida. Apenas son las cuatro y veinte, pero la tarde ya ha caído y las luces del día se empiezan a difuminar.

No sé por qué, pensé que alguien me daría una mala noticia al llegar a la Universidad. Sin embargo, todo sigue igual, tranquilo, sosegado, inalterable.

una estación antes

una estación antes

Mañana es el día de Todos los Santos. Me he emocionado mucho leyendo a Fabián, pero me ha sorprendido aún más la prosaica visión que de la vida y la muerte tiene Higinio.

Higinio era enterrador jefe en el cementerio de La Almudena. La edición de Madrid de El Mundo trae hoy una entrevista con él. "Somos una porquería completa -dice-: la muerte nos reduce a desfiguraciones, olores, descomposición. En un nicho, en cinco años te has consumido completamente. En cambio, en la tierra te conservas mejor porque hay humedad. De los nichos he visto salir gente que era como cartón piedra, los tirabas al suelo y rebotaban. Esos no huelen a nada (...). Yo siempre he vivido sin preocupaciones de ninguna especie. Los vivos somos muertos de permiso y el recreo es cuando nos dejan andar por esta vida un ratito, de eso estoy convencido. Para mí no hay otra vida después de ésta. Al juicio final no voy a llegar, me bajo una estación antes."

jorge julio echeverri

Por favor, Caperucita,
no salgas esta noche.
El bosque está plagado 
de peligros.
Quédate 
con este viejo lobo
que tanto te ama.

"poema casi infantil"
Jorge Julio Echeverri, Salamina (Colombia), 1949

la libertad

Me entero por El Mundo que el ex senador Xirinacs ha sido detenido en Barcelona por enaltecer el terrorismo. Al parecer, Xirinacs se autoproclamó, durante un acto de la Diada celebrado el 11 de septiembre de 2002, "amigo de ETA y Batasuna".

Suele argumentarse que la libertad de expresión tiene límites, y que no puede tolerarse, en un Estado Democrático, utilizar la libertad de expresión para fines distintos para los que históricamente se reconoció y protegió: difundir ideas y creencias que contribuyan a la formación de la opinión pública, y al mantenimiento y desarrollo del propio Estado Democrático. Sin embargo, yo no entiendo la libertad de expresión como un medio para contribuir a la mejora de la sociedad, sino como un derecho esencial del individuo, no sometido a valoración de utilidad ni positiva ni negativa. 

Cualquiera en su sano juicio tendrá que reconocer que el hombre es mucho más simple, ruin y torpe de lo que nos gustaría, y que comete errores elementales con sorprendente reiteración. Cualquier persona o grupo en el poder tiene unas tendencias viciadas que se repiten a lo largo de la historia, sean cuales fueren las posiciones ideológicas de partida o los teóricos fundamentos morales que dice le sustentan. He aquí algunos ejemplos: 
    
  • Controlar los medios de comunicación.
  • Ilegalizar las ideologías opuestas en nombre del bien común.
  • Inmiscuirse en la sexualidad del prójimo, prohibiendo determinadas prácticas, instituyendo castas célibes e incluso instaurando algún tipo de mutilación.
  • Transferir hacia sí o hacia personas o grupos afines la propiedad de la tierra.
  • Derribar las estatuas y borrar los símbolos públicos de los adversarios políticos.
  • Uniformizar la enseñanza.
  
Me temo que algo de todo esto le ha caído encima a Xirinacs y, aunque precipitadamente, yo me pregunto: ¿El enemigo es Xirinacs o los que hacen estas cosas?

derecho y prostitución

derecho y prostitución

Uno de los principios esenciales del derecho penal democrático y, puede decirse también, del Estado de Derecho moderno, lo constituye el respeto absoluto por la libertad del individuo en todo lo que no conlleve una lesión o ataque a bienes jurídicos ajenos. Supondría en cierto modo una adulteración del derecho penal el pretender utilizarlo, aún inconscientemente, como instrumento de imposición de criterios morales o religiosos de los unos sobre los otros, por muy nobles y respetables que estos pudieran ser, y no como último mecanismo de protección de los derechos básicos de la persona o de la comunidad. Junto con el respeto indubitado por la propia vida o la integridad física (axiomas irrenunciables puestos también hoy en tela de juicio), la libertad del individuo para decidir desarrollar como quiera su persona y su personalidad debería funcionar como punto de partida de todo el conglomerado normativo, de forma que se dejase para otros sistemas menos rígidos de control (moral, religión) la valoración de las decisiones tomadas a este respecto.

En materia de prostitución, el actual Código Penal es consecuente con los postulados que acabamos de enunciar. La prostitución ni se persigue, ni se restringe ni se criminaliza, pero se castiga, sin embargo, a todo aquél que determina a otro, empleando violencia, intimidación o engaño, o abusando de una situación de superioridad o de necesidad o vulnerabilidad de la víctima, a ejercerla o a mantenerse en ella. El objetivo del legislador no es, por lo tanto, atentar contra la libertad sexual del individuo (sacrosanta) de poder hacer con su cuerpo lo que estime conveniente (por ejemplo, convertirlo en objeto de prostitución), sino proscribir los supuestos en los que no existe auténtica libertad de decisión, y el consentimiento de la persona prostituida o no se da o se presta viciado. En este ámbito, toda tentación de ampliar la esfera de los comportamientos sancionables hacia manifestaciones no coactivas debería desaparecer de nuestra legislación, incluyendo la actual criminalización de algunas de las conductas relacionadas con la libre disposición de las ganancias obtenidas por ese medio.

Problemas distintos, aunque íntimamente relacionados con éste, lo constituyen el de la lucha contra las mafias y la trata de blancas, por un lado, y el de la atención necesaria a todas aquellas personas que, nos guste o no, ejercen la prostitución.

Respecto a la primera cuestión, ha sido desde siempre una tentadora afición del Estado restringir la libertad del individuo como única estrategia para evitar posibles abusos de terceros. Efectivamente, si se prohibiera la prostitución quizá evitáramos, en alguna medida, la existencia de bandas de explotación de mujeres, pero de la misma manera que si impidiéramos el uso generalizado de Internet acabaríamos con la horrenda lacra del tráfico de pornografía infantil en la Red. La libertad, no nos engañemos, tiene un coste, tanto para los individuos -que pueden no hacer lo que les conviene- como para la sociedad -que pierde la maravillosa eficacia de la colmena-, pero si por algo se caracteriza nuestra civilización es por aceptar ese reto y asumir ese coste, y hacerlo, precisamente, en aras de poder disfrutar de los beneficios que aporta el ejercicio de dicha libertad personal... Por lo demás, las políticas exclusivamente represivas y antiregularizacionistas ya sabemos hacia dónde nos lleva.

En lo concerniente al segundo problema, deberíamos evitar caer en el frecuente error de dejar a los colectivos marginales o "raros" -presidiarios, prostitutas, feriantes, inmigrantes, etc.- fuera de la legalidad que ampara los derechos del resto de la ciudadanía, sea en materia de salud, de trabajo o de seguridad. El cierto complejo de culpabilidad que la sociedad occidental desarrollada siente frente a los que, por no tener nada, no tienen más remedio que vender su cuerpo como tabla de salvación, no debería conducirnos a negar su acceso a los beneficios del moderno Estado Social y a impedir la regulación racional de una actividad que, de por sí y como consecuencia de no contar con un amparo legal suficiente, fomenta el abandono, la discriminación y el rechazo hacia todo aquél que la practica.

cartas al director

prostitución y derechos humanos

En estos días estamos asistiendo a un intenso debate sobre si es conveniente legalizar la prostitución como una actividad económica más o si, por el contrario, se trata de un atentado contra los derechos humanos de las mujeres prostituidas, por lo que no sería moralmente aceptable su legalización.

Los partidarios de la legalización consideran que mejoraría la situación de estas mujeres si pudiesen disfrutar de ciertos derechos, como el derecho al trabajo remunerado, a la Seguridad Social, etcétera. Sin embargo, estas tesis parecen ignorar que la inmensa mayoría de las mujeres prostituidas son extranjeras que han llegado a nuestro país con engaños sobre la actividad a la que después iban a dedicarse y, en algunos casos, han sido secuestradas y se mantienen en esa situación por miedo a las represalias de los proxenetas. En estas condiciones es difícil pensar que se dedican a la prostitución de forma libremente consentida. Incluso, habría que preguntarse cuántas de entre las que han optado "libremente" por dedicarse a la prostitución lo han hecho por falta de alternativas para ganarse el sustento para ellas y sus familias.

No encuentro mejor definición de la protección de la dignidad humana que la que propuso Immanuel Kant: una persona debe ser siempre un fin en sí misma, nunca un medio para que otro consiga sus objetivos. Esta exigencia se ha convertido en uno de los pilares de nuestra civilización occidental. En base a ella se condena la esclavitud, aunque sea libremente consentida por el esclavo, o la venta de órganos, aunque sea, también, libremente consentida. Consideramos que no es legítimo el comercio con el propio cuerpo. ¿Por qué, entonces, aceptamos la prostitución y a la vez relegamos a las mujeres prostituidas al escalón más bajo de la sociedad hasta el punto de que reciben un trato humillante?

Aquí practicamos una doble moral, inaceptable en una sociedad que se precia de defender los derechos humanos. Creo que nunca se debe legalizar la conducta del que se aprovecha económicamente de la venta del cuerpo de una mujer. Desde que el proxenetismo ha sido despenalizado en España, se ha incrementado enormemente la prostitución en nuestro país, al que ya se conoce como "El burdel de Europa". Quizás no se pueda impedir que una mujer venda su cuerpo -aunque yo creo que se podría hacer mucho más por ofrecer alternativas a estas mujeres- pero, desde luego, creo que es el momento de penalizar el proxenetismo como una de las mayores lacras de nuestra sociedad, que da pie a la existencia de auténticas bandas de explotación de seres humanos.

Encarna Carmona Cuenca. Las Rozas, Madrid.
El País

ráfaga

ráfaga

Un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

Borges

jaime bayly

"Mi padre me dice: Hijo, por favor, devuelve el premio, hazlo por la familia. Le digo: ¿Por qué dices eso, papá? Me dice: Hijo, no puedes seguir haciendo escándalos por el mundo. La familia sufre mucho por tu culpa. Tienes que devolver esa plata. Todo el jurado está diciendo que no la mereces.Ten un poco de dignidad y devuélvela, hombre. Le digo: No es todo el jurado, papá (...)".

Y que no falte nunca el sentido del humor.

errar

errar

Me escribe mi hermano para decirme que Don César Vidal, el arcángel vespertino del Apocalipsis en la COPE, que suele encabezar la proclamación de gran parte de sus opiniones con la muletilla "les confieso que", se tiró gran parte del programa del martes por la noche acusando a Cetapé de haberse ido a Galicia a comer marisco por la festividad de San Florián. Al parecer, insistió muchas veces.

Y las preguntas que se hace son ¿Confunde este hombre a San Florián, cuyo día se celebra el 4 de mayo, con San Froilán, santo del que los Duques de Lugo tomaron el nombre de su hijo y que se celebra el 5 de octubre? ¿Por qué ninguno de sus eruditos tertulianos le hizo notar el error? ¿Deberían todos leer los libros de Don César, incluyendo él mismo, para evitar estos deslices?

Por cierto, qué bonito sería que los futbolistas y Don César intercambiaran sus muletillas de arranque, y aquéllos encabezaran sus comentarios sobre por qué el que mete más goles es el que gana un partido, diciendo "les confieso que" en lugar de "la verdad que". Según mi hermano, sería igual de pobre, pero variaríamos un poco.

el día después

1. Leo en un titular de El Mundo que el cerebro de los jóvenes no percibe el riesgo. Al parecer, diversos estudios de la Universidad de Temple (Arizona), han permitido a sus autores llegar, entre otras, a las siguientes conclusiones:

· Los adolescentes tienen más accidentes de tráfico que las personas adultas porque la percepción del riesgo no está completamente desarrollada hasta los 25 años.

· Los adolescentes duplican su tolerancia al riesgo cuando otras personas de su edad les están mirando.

2. El Mundo recoge también las declaraciones del psiquiatra Enrique González Duro, que advierte del riesgo de etiquetar el sexo, las compras, Internet o el amor como auténticas enfermedades. Respecto a este último caso, González Duro afirma que las supuestas enfermas “son, en general, mujeres que se enamoran perdidamente de un hombre y son capaces de cualquier cosa por él, pero cuando su exigencia de ser correspondidas no se cumple, su exceso de amor las convierte en insoportables y sus amados las abandonan. A los pocos meses, sin embargo, ya se han enamorado igual de otro hombre. Ese amor antes se consideraba un valor social –eran las románticas- y ahora se las quiere calificar de adictas al amor. Me niego a pensar que lo son”.

3. Por último, me entero que se ha suicidado Karen Bach -conocida también como Karen Lancaume-, la famosa actriz porno francesa que se pasó al cine comercial (x, pero comercial) en su última película “Baise moi”.

No soy un experto en pornografía ni presumo de dotes de adivinación psicológica, pero incluso en las fotos más atrevidas (hard, se dice ahora) que alguna vez he visto de esa actriz, siempre creí vislumbrar algo de infelicidad, un poco de agobio y mucha, mucha tristeza.

instrucciones para dar cuerda al reloj

instrucciones para dar cuerda al reloj

No sé qué habrá pasado con aquel Plan de Fomento de la Lectura, iniciado en el año 2001 por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y con un período de duración de tres años -en su primera fase-. Pero la campaña Libros a la Calle, impulsada por las Asociaciones de Libreros y Editores de Madrid y, en su momento, asociada a aquel Plan, sigue cubriendo las paredes de las librerías, muchos escaparates y algunos vagones de metro con una curiosa iniciativa: pequeños posters, tamaño folio, con citas o extractos de la obra de cualquier gran escritor.

En los vagones que cubren la línea 1 del Metro de Madrid ya no renuevan los textos, pero todavía se conservan algunos de los antiguos posters. Da gusto acercarse a leerlos, entre vaivenes y frenazos y obstáculos humanos que se mueven al ritmo del chacachacachá del tren.

"Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa"

Julio Cortázar
Historias de cronopios y de famas

lo que somos

"Lo mejor era que se me permitía soñar.
Pasaba parte del día en la mecedora
del comedor de tía Enma,
imbuido de su atmósfera
y rodeado de sus extraños muebles coronados por gárgolas de voluptuosa crin,
de sus mantones y esferas de cristal sobre pájaros y flores,
y de sus libros y su extraño olor;
otras veces permanecía oculto,
escaleras abajo,
en una esquina de la joyería de tío Jim,
junto con sus reliquias curiosas,
y las débiles luces del oro, la plata y el bronce,
calmado por el tictac errático de una docena de relojes".


The best part was that I was allowed to dream.
Many the day I spent deep in a huge rocker
in the mystic atmosphere
of Aunt Emma's living room
with its horsehair-stuffed gargoyles of furniture,
its shawls and antimacassars,
globes of glass over birds and flowers,
books and strange odors;
many the day I remained hidden
in a corner downstairs
in Uncle Jim's jewelry shop
with its curious relics,
faint lights from gold and silver and bronze,
lulled by the erratic ticking of a dozen clocks.


Es difícil encontrar algo de la poesía escrita por Ronald Reagan. Recuerdo que, hace ya décadas, mi padre me enseñó algunos de sus últimos poemas, publicados por ABC y escritos poco antes de padecer los rigores del alzheimer. Como con la mayoría de sus escritos, es muy complicado hacerse con ellos.

No obstante, me he permitido la licencia de traducir uno de sus poemas de juventud.