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ungancho

biografía autorizada

Hubo un tiempo de soberbia y ceguera en el que, como todo adolescente, creí estar señalado por el dedo de la suerte y el talento. En mi caso, ese tiempo duró mucho, y se caracterizó por la quema compulsiva de oportunidades y la jactancia en la derrota. Las poquísimas posibilidades reales de progresión y éxito que me ofrecía la vida las solía confundir a menudo con mi propio destino, y gozaba martirizándome y maldiciéndome por las horribles consecuencias derivadas de mis propias decisiones. Total, no tardaba mucho en creer ver cómo se abrían nuevos abanicos de expectativas que poder desperdiciar. 

He tardado mucho tiempo en darme cuenta de que soy una persona normal y corriente, y que mis genes tienen tanto ingenio o inteligencia como los de los demás mortales. Pero la vida, quizá sabia, quizá lógica, no ha hecho conmigo esa reflexión y, en vez de dispensarme la cantidad media de frustración por individuo, continúa creyendo que necesito las sobredosis tantas veces solicitadas de angustia, fracaso y desesperación. Ya no quiero equivocarme más, ya no quiero ser infeliz, pero la providencia me trata como si fuera todavía el tipo cobarde y débil -pero con suerte- que le hice creer que era. 

Odio a aquel adolescente ciego y siento lástima por el adulto fracasado. Me da mucha pena ver lo que he hecho con mi vida.

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