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ungancho

me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor

me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor

Mañana tenemos puente en Madrid y, quizá por eso, la tarde se presenta propicia para la dispersión.

Esta mañana escuchaba una canción de Radio Futura en el coche y me he fijado en la frase de este comentario, “me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor”. La canción trata (bueno, quizá no trate de eso, pero yo así lo quiero) de una niña enamorada que tiene la intuición casi mágica, en un momento determinado -cuando él la llama de lejos y ella sale corriendo-, de que el amor no es un juego, que es algo bastante serio, propio de los adultos, hasta cierto punto peligroso y, en cualquier caso, demasiado fascinante para perderse en él sin estar totalmente convencida. “Me parece que aquél día tú empezaste a ser mayor”, dice maravillosamente Auserón.

No sé, pero hay algo también triste en esa pérdida de inocencia, aunque sea una pérdida intelectual y no material, que da paso a la madurez. Posiblemente sea un momento concreto, con una fecha y hora determinada -o no-, pero del que sólo somos conscientes cuando ya ha pasado. Y no me refiero a la madurez biológica, ni a la madurez artificial que, por desgracia, muchas veces producen acontecimientos dañinos o luctuosos que dejan tras de sí niños y adolescentes cubiertos a su pesar por gruesos disfraces de hombres y mujeres heridos y cicatrizados. No. Hablo de la pérdida natural de la inocencia que provoca el descubrimiento de la responsabilidad por nuestros actos y de la intuición de la experiencia.

¿Cuándo empecé yo a ser mayor?, ¿cuándo fui consciente?, ¿qué lo provocó?, ¿quién lo provocó?, ¿cómo era ese yo anterior?... En fin, una tarde efectivamente propicia para la más absoluta dispersión.

 

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