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ungancho

oídos sordos

¿Por qué yo?, ¿por qué aquí? se pregunta Pamuk... y, salvando todas las distancias, me pregunto yo también. La suerte, lluvia irracional y arbitraria, cae sobre unos y deja huérfanos a otros, sin atenerse a ningún tipo de consideraciones ni buscar nunca justicia o equidad. Iba a escribir sobre el original telediario que Sánchez Dragó presenta todas las noches en Telemadrid, y que ayer rozó, gracias a Jodorowsky, cotas muy elevadas de surrealismo artístico e intelectual, pero, finalmente y contra todo pronóstico, me he decidido por Belle Pérez.

 

Eurovisión ha sido siempre cuna de esperpentos y extravagancias, pero también de curiosos descubrimientos e ilógicos triunfos. La suerte, dice mi padre, es grela, y las causas del éxito quizá también. Belle Pérez es belga, habla varios idiomas, es bastante guapa y su catapulta fue -no se lo pierdan- el concurso para la selección del representante belga de Eurovisión en 1999.

No soporto la música pegadiza que, prefabricada, comercializa Quique Santander y su troupe. Se me incrusta en la cabeza y, estoy seguro, me produce queratosis pilar y jaqueca. Vale oro y se paga a ese precio, pero no me convence, huele a trampa, a gato encerrado.

Y ahora es cuando vuelvo a la razón de la sinrazón del éxito. ¿Qué es el ritmo?, ¿qué es el compás?, ¿cuál es la fórmula del alquimista que los garantiza? Ustedes me dirán... pero esta canción me gusta.

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