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estética

José Luís Rodríguez Zapatero debe cambiar de sastre.
No hay duda de que los trajes le quedan, si no extremadamente grandes, sí al menos algo amplios y holgados, y un hombre de su dignidad y responsabilidad no puede, sea por error u omisión, caer en tan elemental y fácilmente corregible equivocación. Su predecesor en el cargo, el defenestrado Aznar, pecaba de múltiples defectos, sí, pero, en lo que se refiere a cómo llevar un traje, seguía con franciscano rigor las reglas de la estética y la elegancia.
Las mangas del traje de Zapatero exceden el largo aconsejable y, como consecuencia de ello, las de la camisa tienen que invadir la mano y sobrepasar antinormativamente el límite de la muñeca.
El tórax, poco prominente y algo curvado, aconseja, si no exige, que deba procederse a un entallado urgente de la chaqueta. El pecho se abomba al no haber calculado convenientemente la anchura de la espalda, y el resultado final, cercano a la dejadez, se nos antoja también rayano a lo punible.
Los pantalones, algo amplios, deben estar mejor planchados, y, para evitar el efecto "pata de elefante", el extremo de la pierna tiene que ser reducido en centímetro y medio -desde la rodilla-. Los zapatos, sin embargo, pueden pasar una revisión no extremadamente rigurosa.
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