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REFUGIO TEMPORAL PARA INDOLENTES
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008.
Voy con retraso y escribo con retraso. Ayer se me antojaba provocarles al amor, o al desamor, y hoy, sin embargo, me siento partidario de la más sugestiva y anastésica monotonía emocional. No sé, intuyo que tengo muchas cosas que decir, pero no se me ocurre absolutamente nada. La mediocridad, ustedes ya saben, tiene eso: un pasado condicional de lo más sobresaliente. Le devuelvo a Celia su DVD, que tiene música de La Casa Azul. Ese no es el tema, como diría Luis, pero a mí se me han ocurrido doce mil cosas a partir de él. Una es que todos los profesores gays que conozco parecen cortados por el mismo patrón. Otra es que montar un videoclip es algo más difícil de lo que inicialmente parece. También he pensado que José Luís Moro –de Un pingüino en mi ascensor- y Guille Milkyway –de LCA- tienen muchas cosas en común: Soberbia genialidad, arrogancia vestida de sensibilidad extrema y egocentrismo exacerbado. Luego me he caído en la música independiente, en la conferencia que tengo el viernes y en lo perdido que estoy. Esta mañana, buscando bibliografía, he dado con la BSO de Golden State, que creía perdida. Y el círculo se ha cerrado. Incluso cuando se sienten como romanos -de aquellos de la época de la decadencia- se rascan la memoria con las dos manos sin poder hablar más que con su silencio. Y ya no quieren hacerse amar porque se dan muy poca importancia. Están desesperados, pero con elegancia.... Sienten la pendiente más resbaladiza que antaño, cuando su cuerpo aún era ligero. Y leen en los ojos de las hechiceras que cincuenta años es una provincia. Y queman su juventud moribunda aparentando que les hace gracia. Están desesperados, pero con elegancia... Y van atravesando los bares, donde ya son los más viejos, salpicando con las propinas a callados camareros. Y les susurran barbaridades a hembras que casi están rancias. Están desesperados, pero con elegancia... Conocen el peso de su cobardía y pueden no perdonarse jamás; y saben prescindir un día y otro día de eso que se entiende por felicidad. Y aunque ya casi no hay en qué soñar, se sienten orgullosos porque aún bailan sus almas. Están desesperados, pero con elegancia... Poema inédito de Jacques Brel, con música, versión del francés y adaptación de Gabriel Sopeña. Canta Loquillo. |