ungancho |
REFUGIO TEMPORAL PARA INDOLENTES
|
|
|
Los que vivimos en las modernas ciudades hemos desarrollado, creo, un temor excesivo al campo, a lo no urbano. Muestra de ello son las connotaciones que asociamos a la palabra "salvaje", que ya no es solo lo que no está domesticado o controlado por el hombre, sino que, para nosotros, es también algo agresivo y peligroso. Siempre temo que, si elijo la lubina salvaje de la carta de un restaurante, salgan del plato las fauces de un tiburón dispuesto a devorarme. Luego pienso en otros animales salvajes como los caballos, a los que uno imagina huyendo grácilmente por una pradera australiana nada más percibir la presencia humana, y me tranquilizo. Aun así, me resulta chocante atribuir este calificativo a alimentos vegetales, como los "espárragos salvajes" que me recomendó un camarero hace poco. Un espárrago de campo puede ser, digo yo, triguero o, a lo sumo, silvestre. Para ser salvaje tendría que protagonizar unos dibujos animados, ser capaz de andar y estar dotado de ojos y boca. |