¡Qué quieren que les diga! Todo es cuestión de principios. De tener principios o, si lo prefieren, de no traicionarlos. No importan las consecuencias, no importan los costes. Verdad o mentira, razón o sinrazón terminarán siendo, al fin y al cabo, meras anécdotas contingentes con las que decorar el brevísimo transcurrir de nuestra pobre existencia.
Y Rizzo lo sabía.