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A Cristina, que tenía una moto roja, la conocí en Torrelodones. Todavía conservo el disco de Depeche Mode que me regaló. Creí que nunca la iba a olvidar. María era muy inteligente, quizá demasiado para alguien tan cínico como yo. Le dio pena comprobar que no era feliz, aunque creo que me quiso. La volví a ver en la boda de Paco. Begoña era muy buena. No debí abusar nunca de tanta bondad porque, inevitablemente, el instinto de supervivencia nos obligó a romper. Se casó triste. Amaya lo fue y lo sigue siendo todo. Me cogió de la mano para mirar al mundo sin miedo, pero se cansó de dar tanto y de no recibir nunca nada. Dejarme fue para ella una auténtica liberación. A Rosalía no le gustaría saber que la incluyo en esta lista, porque nunca se sintió amada. Me conoció en mis mejores y en mis peores momentos y tuvo que huir. Ana tampoco sabe por qué, pero intuye que los dos estamos abocados al abismo. No se cansa nunca y hace tiempo que aceptó el fracaso como forma de vida. Salimos desde hace seis años.
Bruselas, por lo demás, es mi ciudad favorita.
Autor: def Sepa usted que si no me fallara la memoria, no dudaría en realizar el mismo ejercicio.
Fecha: 13/05/2004 15:46.
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